LOS 7 FUEGOS DESTRUCTORES
Efesios 6:16: "...con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno"
"Hay 7 Fuegos que Dañan al Creyente", antes estos fuegos tenemos la imperiosa la necesidad de tomar el escudo de la fe para apagar todos los dardos encendidos del maligno.
I. Fundamento de la Fe
Los fundamentos de la fe se basan en su definición, origen y cómo se adquiere, siendo el escudo de la fe necesario para la defensa del creyente.
Definición y Esencia de la Fe:
La fe se describe como la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Tener fe implica tener convicción de algo que, aunque no se pueda ver, se sabe que está presente. Es crucial diferenciarla de la esperanza, ya que la esperanza sitúa algo en el futuro, mientras que la fe lo trae al presente.
Origen de la Fe:
La fe no nace del esfuerzo humano, sino que proviene de Cristo, quien es el autor y consumador de la fe. De hecho, Cristo es la fe y Él es la Palabra.
Adquisición de la Fe:
Usted no produce fe; no hay nada que se pueda hacer para generarla. En lugar de producirla, el creyente debe atraer la fe. "La fe viene por...". La fe se atrae o viene por el oír, específicamente al oír la Palabra del Señor (que es Cristo). Estar en un lugar recibiendo la enseñanza de la Palabra, por ejemplo, es una manera de atraer fe. El oír la Palabra añade fe.
II. Los Siete Fuegos que Dañan al Creyente
1. El Fuego de la Lujuria y Pasiones
El Fuego de la Lujuria y Pasiones Desordenadas es el primero de los siete fuegos identificados que pueden estar dentro de la vida del creyente, y que deben ser resistidos con el escudo de la fe.
1 Corintios 7:9: "...pero si carecen de dominio propio cásense que mejor es casarse que quemarse"
Naturaleza, Consumo y Daño:
La lujuria es descrita como un fuego que consume. Lo que consume y devora específicamente es la pureza.
Al darle rienda suelta, la lujuria lleva al pecado sexual. Este fuego es tan destructivo que la fornicación, el adulterio y la lujuria atacan y dañan el propio cuerpo del creyente.
Incluso dentro del matrimonio, puede haber lujuria al querer hacer lo que no se debe. Este fuego se enciende cuando el creyente es atacado por la lujuria, incluyendo la lujuria visual (mirar a una persona con malos ojos o intenciones).
Remedios y Extinción mediante la Fe:
El fuego de la lujuria debe ser apagado. Se apaga con fe. Para esto, es necesario buscar la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
La Biblia proporciona remedios específicos para combatirlo:
- Matrimonio y Dominio Propio: Para quienes carecen de dominio propio, la solución es casarse, pues es "mejor es casarse que quemarse" (1 Corintios 7:9). Aquellos que no se han casado y se están consumiendo por este fuego, deben comprometerse e ir al registro civil.
- Huida y Santidad: Los jóvenes deben huir de la fornicación y vivir en santidad, apartándose del pecado.
El Fuego de la Ira y el Enojo es el segundo de los siete fuegos que dañan al creyente, y su principal efecto es la destrucción y la apertura de puertas al enemigo.
Efesios 4:26: "airaos pero no pequéis no se ponga el sol sobre vuestro enojo ni deis oportunidad al diablo"
Naturaleza y Consecuencias del Fuego:
La ira es un fuego que tiene consecuencias profundamente destructivas en la vida del creyente y sus relaciones:
- Destrucción de Relaciones: Es un fuego que destruye relaciones y trae contienda. Este conflicto puede llevar a situaciones donde los cónyuges duermen separados, ya sea en el dormitorio principal mientras el otro duerme en la habitación de los niños, o incluso en el living.
- Oportunidad para el Enemigo: La ira abre puertas al enemigo. La Biblia advierte: "airaos pero no pequéis" y que "no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo" (Efesios 4:26).
- Aislamiento y Separación: Es un fuego del maligno que se manifiesta cuando las parejas pasan tiempo sin hablarse (una semana, dos noches, un mes). El no hablarse y mantener el enojo prolongado es destructivo. Es crucial entender que "no es bueno que el hombre esté solo" ni que la persona esté sola en la habitación.
Control y Extinción de la Ira:
Para apagar este fuego se requiere buscar la reconciliación.
- Templanza y Fruto del Espíritu: El fuego de la ira se controla principalmente mediante la templanza. La templanza, junto con la mansedumbre y la paciencia, son frutos de una vida moldeada por el Espíritu del Señor.
- Humildad y Perdón Mutuo: Se debe practicar la humillación y la reconciliación. Aunque la persona sienta que siempre es ella quien pide perdón, se debe humillar, ya que Dios levanta al que se humilla. Es necesario que las parejas se pidan perdón mutuamente.
3. Fuego de la Murmuración y la Lengua
El Fuego de la Murmuración y la Lengua constituye el tercer fuego destructivo que puede dañar al creyente y que debe ser apagado mediante el escudo de la fe.
Santiago 3:6: "... y la lengua es un fuego un mundo de iniquidad"
Naturaleza y Origen del Fuego:
Según la Palabra (Santiago 3:6), la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. Este órgano está puesta entre los miembros del cuerpo, y la cual contamina todo el cuerpo.
Lo más peligroso es que la lengua es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida. Cuando una persona cae en la murmuración, es el infierno quien encendió su lengua.
Daño y Consecuencias:
- Destrucción de Relaciones: Las palabras hirientes y las murmuraciones encienden fuegos que destruyen congregaciones y familias.
- Hablar Contra la Unción: Este fuego a menudo se dirige a hablar contra las autoridades espirituales (el pastor, la pastora, los ancianos) o contra la unción que Dios ha puesto. Los creyentes son advertidos de no tocar lo que Dios ha dado, citando ejemplos bíblicos de quienes hablaron contra Moisés (Coré) o mintieron (Ananías y Safira), pues a nadie que murmura le va bien.
- Siembra de Maldición: Hablar contra el cónyuge (llamándolo "la vieja" o "ese demonio") es inflamado por el infierno. Las palabras necias o palabras de maldición (como decir "este niño no sirve para nada" o "si no resultan separamos nomás") son consideradas una semilla que el diablo agarra y empieza a sembrar y regar.
- Daño más allá de la Intención: El problema del enojo o la murmuración no es lo que uno quiso decir, sino lo que llegó a los oídos de los demás, lo cual fue inflamado por el infierno.
Extinción del Fuego mediante la Fe:
Este fuego, que incluso lleva a algunos a "andar en la oreja de otro", debe ser apagado.
La manera de extinguirlo es hablando palabras de gracia y de bendición.
El creyente debería:
- Dejar de hablar lo que no conviene.
- Comenzar a hablar como debe de hablar un hijo de Dios.
- Asegurar que las conversaciones sean con salmo, himno, [y] cántico espiritual.
- Bendecir al cónyuge, a la familia y a los servidores, en lugar de hablar de maldición.
4. Fuego Extraño (Adoración Carnal o Manipulada)
El Fuego Extraño (Adoración Carnal o Manipulada) es el cuarto de los siete fuegos que dañan al creyente, y se refiere a ofrecerle a Dios aquello que Él no ha ordenado, manifestándose como religiosidad o manipulación.
Levíticos 10:1-2: "...ofrecieron delante del Señor fuego extraño que él no les había ordenado"
Fundamento Bíblico y Naturaleza del Fuego:
- El Acto No Ordenado: El fundamento de este fuego se encuentra en Levítico 10:1-2, cuando Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus incensarios, pusieron fuego en ellos y echaron incienso. Al hacerlo, ofrecieron delante del Señor "fuego extraño que él no les había ordenado".
- Consecuencia: Como resultado, de la presencia del Señor "salió fuego que los consumió y murieron" delante de Él.
- Contraste con el Fuego Genuino: Este acto se contrasta con el fuego que constantemente permanecía ardiendo (el fuego que Moisés trajo del monte). Cuando el creyente intenta traer su "propio fuego", es decir, intenta encender a la iglesia a través de la moda, no sirve; es un fuego extraño.
Manifestaciones de la Adoración Carnal o Manipulada:
- Rotación y Mortandad: Este fuego puede ser un símbolo de destrucción y engaño. El fuego extraño suele generar una alta mortandad (rotación) entre los adoradores y servidores (el baterista se fue, el guitarrista se engoriló, etc.) porque no existe el concepto de que fue Dios quien les dio la oportunidad.
- Modas y Esfuerzo Propio: Se manifiesta cuando se empiezan a traer "modas" o fuegos "raros" o "muy extraños".
- Manipulación Emocional: El fuego extraño es un fuego de religiosidad, manipulación o adoración fuera del espíritu. Las emociones pueden ser manipuladas a través de las artes y la música para lograr que las personas se emocionen o lloren, y esto no es necesariamente el Espíritu del Señor.
- Falta de Respeto: Quienes se paran en el altar (danzando, cantando, ministrando) deben tener respeto por el lugar donde Dios los ha puesto. La falta de respeto, como el no quitarse la gorra al orar (basado en la enseñanza de 1 Corintios 11) o al ministrar, es una manifestación de no honrar la presencia del Señor.
Extinción del Fuego:
Para reprender este dardo de fuego, la clave es buscar adorar a Dios en espíritu y en verdad. Dios está buscando adoradores que le adoren de esta manera, no en una mentira. Se debe presentar a Dios una adoración genuina.
El Fuego de la Codicia y el Amor al Dinero es el quinto fuego destructivo que puede estar dentro de la vida del creyente y que debe ser resistido con el escudo de la fe.
1 Timoteo 6:9: "...pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición"
Naturaleza, Consumo y Daño:
La codicia es un fuego insaciable que consume la fe del creyente y lo lleva a la ruina. Aquellos que buscan enriquecerse caen en tentación y lazo, así como en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición, tal como se advierte en 1 Timoteo 6:9.
- Servicio a Dos Amos: La Palabra enseña que no se puede servir a dos señores, es decir, no se puede servir a Dios y a las riquezas.
- Diferencia entre Riqueza y Amor al Dinero: Las riquezas no son pecado, sino una bendición. El problema, y lo que sí es pecado, es el amor a esa riqueza.
- El Devorador: El dinero en sí no es malo, sino que toma la forma del que lo posee. Si una persona es codiciosa, solo querrá acumular. Cuando el creyente retiene para sí el diezmo y la ofrenda del Señor (lo que se conoce como "chuparse el diezmo"), le está diciendo a Dios que no cree que Él sea lo suficientemente poderoso para proveer, y por lo tanto, se provee a sí mismo. Al hacer esto, se le dice al devorador dónde está. El devorador no solo devora bienes materiales, sino que también quita la paz, el gozo y la alegría.
Extinción del Fuego mediante la Fe:
Para pelear contra este fuego, el creyente debe aplicar el contentamiento y la confianza en Dios.
- Confianza en la Provisión: El contentamiento del creyente no debe estar en lo que posee, sino en lo que Dios ha provisto para su vida. Dios es el proveedor y sustentador, y Él proveerá para todo, dándonos sustento y abrigo para que podamos gozarnos.
- Fidelidad Financiera: La forma práctica de reprender el fuego de la codicia es ofrendando y diezmando. Al ser fiel en el diezmo y la ofrenda, se le dice a la codicia: "aquí no tienes lugar".
- El Síndrome del Aumento: La codicia y el amor al dinero pueden aparecer incluso después de que Dios promueve al creyente. Puede haber un "síndrome" donde, al ganar más, se piense que es "mucho lo que tengo que diezmar", y así uno se enamora de ese dinero, cayendo en codicia. Por el contrario, la fidelidad con Dios reprende el espíritu de codicia.
6. Fuego de Incredulidad.
El Fuego de Incredulidad es el sexto de los siete fuegos que dañan al creyente y representa un peligro interno que lo aparta de Dios. La Escritura advierte severamente: "Tened cuidado hermanos no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo" (Hebreos 3:12).
Naturaleza y Consecuencias del Fuego:
La incredulidad se define como un fuego interno que tiene efectos devastadores sobre la vida espiritual:
- Extingue la Fe: Este fuego apaga la fe.
- Produce Frialdad: Causa frialdad en el creyente.
- Aleja de Dios: Enfría la fe y aleja de Dios.
Origen del Fuego (Cómo se Enciende):
La fe se adquiere o "viene por el oír" la Palabra del Señor. Por lo tanto, la incredulidad se enciende al dejar de oír la Palabra.
Esta desconexión lleva a la separación de la comunidad:
- Separación de la Congregación: Aquellos que se separan del rebaño o se separan de la congregación tienden a perder su fe.
- Progresión del Abandono: La incredulidad se manifiesta cuando el creyente falta a la congregación pensando que es "un domingo no más". Sin embargo, la costumbre se instala y, sin darse cuenta, pasan meses o años (cinco, diez, quince o incluso 20 años) sin asistir a la iglesia.
- Distorción de la Percepción: Bajo este fuego, el creyente empieza a mirar todo mal, e incluso la Palabra que antes recibían de la misma fuente ya no la aceptan.
Extinción del Fuego mediante la Fe:
Para apagar este dardo del maligno, el creyente debe enfocarse en nutrir su conexión con Dios y Su Palabra:
- Alimentación Espiritual: El fuego de incredulidad se apaga alimentando la fe con la Palabra del Señor y con la oración. Recordar que el oír la Palabra añade fe.
- Oración Constante: La oración es fundamental. Es crucial orar sin cesar para no caer en tentación. Si no se ora, se deja abierta la puerta para que cualquiera nos hable y saque al creyente del camino, porque no hay Palabra de Dios en su corazón ni conexión con el Padre.
El Fuego del Juicio Eterno es el séptimo y último de los fuegos identificados que dañan al creyente y es considerado el mayor fuego que daña.
Naturaleza y Propósito:
Este es un fuego terrible. La Palabra del Señor describe su propósito y destino en Mateo 25:41, donde se indica que Cristo dirá a los que estén a su izquierda: "apartaos de mí malditos al fuego eterno".
Es importante notar que este fuego ha sido preparado para el diablo y sus ángeles.
Consecuencia y Solución:
- Destino de Rechazo: El fuego eterno es el destino de quienes rechazan a Cristo.
- Forma de Evitarlo: Para que el creyente se mantenga alejado de este fuego final y terrible, debe aceptar la salvación en Jesús y perseverar en santidad. Aceptar al Señor y perseverar en santidad mantendrá al creyente apartado y alejado de este destino.
Hemos cubierto los siete fuegos destructivos que el creyente debe apagar con el escudo de la fe. Es necesario conocer la existencia de un verdadero fuego: el fuego del Espíritu Santo que purifica, guía y nos da poder para vencer.
El Fuego Del Espíritu Santo
El Fuego del Espíritu Santo es reconocido como el verdadero fuego y contrasta con los siete fuegos que representan la destrucción, el engaño y el juicio que provienen del enemigo o de las pasiones humanas.
Características y Funciones del Fuego del Espíritu Santo:
- Símbolo Genuino: El Espíritu Santo se representa como fuego.
- Purificación: Este fuego tiene la función de purificar.
- Guía: El Fuego del Espíritu Santo guía al creyente.
- Poder para Vencer: Es una fuente de poder que nos da poder para vencer la destrucción y los dardos encendidos del maligno.
- Manifestación de la Gloria: Además, este fuego simboliza la gloria de Dios.
Mientras que los otros siete fuegos buscan consumir la pureza, destruir relaciones, o llevar a la incredulidad, el Fuego del Espíritu Santo proporciona los medios para que el creyente se mantenga en santidad y se goce en la presencia de Dios.
